sábado, 21 de febrero de 2015

Familia Phoridae

Esta familia está representada por más de 2500 especies en todo el mundo; casi la mitad de las especies pertenecen al género Megaselia. Son moscas pequeñas, de aproximadamente 1.5 a 6 mm de largo; de colores oscuros, algunos con tonos amarillos.


Adultos. Cabeza pequeña, corta y aplanada; sedas usualmente fuertes, reclinadas y ordenadas con un patrón definido. En algunas formas parasíticas o inquilinas, la cabeza puede estar deformada, tomando una forma grotesca. En casi todas las especies, las antenas son largas, el segmento basal prácticamente oculto, y la arista muy larga y delgada, en ocasiones pubescente.
Tórax más o menos arqueado; escutelo pequeño o ausente en algunas especies sin alas. Abdomen bien desarrollado, usualmente estrecho, particularmente en hembras. Fémur posterior aplanado.
La venación del ala es característico en la familia, la vena Sc y R1 cortas y fusionadas, las venas radiales gruesas y terminando cerca de la mitad del ala. Las venas restantes son débiles y con frecuencia modificadas. Algunas especies poseen alas vestigiales; o hembras aladas y machos ápteros.



Larvas. De color blanco, amarillo o café; larvas maduras de 2 a 8 mm de largo. Cuerpo usualmente aplanado. Espinas proyectadas lateral y dorsalmente. Cavidad preoral posterior ocupada por un órgano sensorial bilobulado. Esqueleto cefalofaringeo pigmentado, cornua ventral sin color; escleritos tentofaringeal e hipofaringeal fusionados; cornua dorsal pequeña y cerca de la cornua ventral, filtro faringeal presente. Esclerito labial fusionado con el esclerito hipofaringeal. Borde anterior del protórax casi siempre con una fila de espinas o sedas; espiráculos anteriores sobresalen dorsolateralmente cerca del borde posterior del protórax, espiráculos alongados con forma tubular, aberturas espiraculares abiertas apicalmente. Segmentos abdominales con al menos un par de tubérculos dorsales y laterales; espiráculos posterior usualmente separados sobre una base; dos pares de aberturas espiraculares abiertas; en algunas especies, los espiráculos se encuentran sobre una base carnosa e hinchada.
Biología. Familia con hábitos alimentarios variados, las larvas se pueden encontrar en materia orgánica en descomposición, plantas, hongos, animales; otras son parasitas de otros invertebrados. Los adultos tienen una forma muy característica de caminar, éstos lo hacen de forma errada. La pupa se reconoce fácilmente por estar aplanada y tener un par de proyecciones anteriores. Megaselia scalaris ha sido reportada como causante de miasis, y en casos forenses, aparece hacia el estado de descomposición avanzada.

jueves, 5 de febrero de 2015

Adaptaciones anatómicas y fisiológicas de los insectos a la vida parasitaria.

Insectos y mamíferos han tenido una estrecha relación a través de miles de años, la cual ha sido moldeada por un complejo y largo proceso de coevolución. Estas relaciones involucran generalmente a dos grupos de organismos, lo que en biología se conoce como simbiosis. En este contexto, el grupo dependiente es conocido como simbiote y el independiente como simbionte. Los simbiotes se pueden clasificar por su nivel de dependencia en obligado o facultativo, por la duración del contacto con el simbionte, en temporal o permanente, o por el número de especies involucradas. Dentro de las relaciones simbióticas, el inquilinismo, mutualismo y parasitismo se establece una intima relación entre dos organismos. De estas, el parasitismo es una de las más complejas, ya que ésta representa un rango amplio de dependencias metabólicas, fisiológicas, patológica, entre otras. En sentido estricto, un parasito se define como aquel simbiote  que vive, parcial o enteramente, a expensas de un simbionte, cubriendo tanto sus necesidades de alimentación como biológicas.  Para esto, los insectos han tenido que desarrollar adaptaciones, tanto anatómicas como fisiológicas, que le han permitido vivir a expensas de su hospedero.

Cabeza de pulga del perro. Adaptaciones sorprendentes para moverse
entre los pelos del can. Tomado de:
http://www.canonistas.com/foros/macrofotografia/
Muchas de estas modificaciones son consideradas como adaptaciones generales a la vida parasitaria, mientras que otras se han desarrollado con base en respuestas específicas a un hospedero en particular. Existen un gran número de adaptaciones morfológicas que incluyen modificaciones en la forma y tamaño del cuerpo, ojos, sedas, patas, aparato bucal, etc. Muchos insectos están aplanados dorsoventralmente y como consecuencia, muchas de sus estructuras están modificadas, tal como el desplazamiento de antenas, partes bucales, y espiráculos torácicos. No obstante, algunas pulgas y dípteros parásitos de murciélagos están aplanadas lateralmente para poder moverse rápidamente entre una densa de pequeños pelos. Otros, incluso han perdido sus alas como Streblidae e Hippoboscidae (dípteros ectoparásitos), lo que les da cierta ventaja ya que las alas sería un estorba a la hora de desplazarse en la superficie de su hospedero. Estas adaptaciones morfológicas, le permiten a muchos ectoparásitos habitar en la superficie de su hospedero, tal es el caso típico de pulgas y piojos, o de el anopluro Antarctophthirus sp que puede vivir tanto en piel desnuda como con pelaje de animales marinos; mientras que a otros, como los endoparásitos que generalmente ovipositan sobre su hospedero y son las larvas las que se encargan de penetrar al interior del éste, invadiendo diversas zonas, desde estratos subcutáneos provocando miasis como el díptero Cochliomyia ominivorax, hasta órganos internos como los de sistema respiratorio o digestivo como en el caso de los dípteros del género Gasterophilus

Mosca de la familia Hippoboscidae. Tomada de http://imgarcade.com/1/hippoboscidae/
Son pocos ordenes los que se pueden considerar como parásitos obligados, entre ellos están Diptera, en donde la gran mayoría pertenecen a familias de caliptrados como Hippoboscidae, Streblidae, Calliphoridae, Sarcophagidae, Cuterebridae, Gasterophilidae, Oestridae e Hipodermatidae. Las larvas de mucho califóridos, sarcofágidos, cuterebridos, gasterofilidos, oestridos, e hipodermatidos son parásitos obligados, los cuales causan miasis en animales y humanos; invadiendo órganos del sistema digestivo, tracto urogenital, auricular, y nasofaríngeo. Ectoparásitos obligados se pueden considerar a los subórdenes Anoplura y Malophaga pertenecientes al orden Phthiraptera; y a los sifonopteros como las pulgas.  

Larva de la díptero de la familia Oestridae.
Tomado de: http://www.xpx.ca/images/.cch/botfly.html
En cuanto a adaptaciones fisiológicas, éstas tienen que ver básicamente con tipos de reproducción y ciclos de vida; por ejemplo hay dermápteros y dípteros parásitos que pueden ser ovovivíparos o vivíparos dependiendo de las condiciones ambientales y de  la disponibilidad de recursos. Otro caso es el de Spilosyllus cuniculi y Cediopsyla simplex cuyos ciclos reproductivos están prácticamente coordinados con los de su hospedero, ya que estas especies necesitan esteroides y estrógenos para que sus huevos maduren y éstas puedan ovipositar. Los piojos de la familia Echinophthiriidae, por ejemplo, sincronizan su ciclo de vida de acuerdo a los periodos migratorio de su hospedero. La especialización de órganos sensoriales podría estar catalogada como parte de las adaptaciones fisiológicas, ya que a final de cuenta, muchos órganos sensoriales y mecanoreceptores, desatan complejas reacciones tanto químicas como fisiológicas, como en el caso de los órganos olfactorios por ejemplo.; órganos que a final de cuentas les sirve para localizar, entre otras cosas, a sus hospederos 

viernes, 30 de enero de 2015

Familia Piophilidae

Este grupo fue considerado por un tiempo como parte de la familia Sepsidae y suelen confundirse por su aspecto similar. Está representada por 69 especies, y se encuentra distribuida ampliamente, sobre todo en regiones templadas.
Adultos. Miden de 2.5 a 4.5 mm. Cabeza algo redondeada, área occipital algo aplanada. Dos pares de sedas verticales; sedas postverticales divergentes; cuando las hay, un par de sedas orbitales. Tercer segmento antenal de forma oval, arista desnuda en especies americanas. Vibrisias orales prominentes. Palpos bien desarrollados. Mesonoto finamente pubescente y pulido, uno o dos pares de sedas dorsocentrales, cuatro sedas escutelares. Alas más o menos claras e iridiscentes, subcosta termina cerca del final de R1, la costa se interrumpe en ese punto; R4+5 y M1 paralelas o ligeramente divergentes.

Tomada de: http://www.diptera.info/forum/viewthread.php?thread_id=51654&pid=221920

Larvas. Larvas maduras  de 5 a 12 mm; de color blanco a amarillo pálido; musciformes, delgadas; integumento liso, segmentos rodeados  por pequeñas espinulas, superficie ventral con ampollas para desplazarse. Segmento cefálico retráctil, esqueleto cefalofaringeo pigmentado; escleritos tentofaringeal e hipofaringeal separados. Cornua dorsal y ventral iguales en tamaño; esclerito labial bien desarrollado; sin esclerito dental. Espiráculo anterior sobresale en el protórax, rodeado por 4 a 15 papilas. Placa periana bilobulada.  Discos espiraculares posteriores de aspecto subtriangular, yuxtapuestos; peritrema oscuro o pálido.

Tomada de: http://entnemdept.ufl.edu/creatures/urban/flies/cheese_skipper.htm


Biología. Las especies de esta familia son más abundantes en épocas calurosas; se ha reportado que el género Fannia está involucrado en casos de miasis. Se alimenta principalmente de excremento, material vegetal en descomposición (como frutas), productos lácteos, y material saturado con urea. Las larvas se desarrollan bien sobre material en descomposición con abundante líquido, éstas están adaptadas para flotar debido a la forma de su cuerpo. Si el ambiente es pobre en líquidos, las larvas tienen poca movilidad. En determinadas épocas del año, los adultos suelen ser una molestia dentro de los hogares ya que suelen formar grande grupos.


martes, 27 de enero de 2015

Familia Fannidae

Se trata de una familia muy pequeña, compuesta por cuatro géneros y 112 especies, la mayoría dentro del género Fannia. Ésta comparte muchas características con la familia Muscidae, de hecho, este grupo ha fue considerado por mucho tiempo, como una subfamilia de dicho familia. Estas moscas, a simple vista, lucen como una mosca domestica. Los adultos miden de 6 a 7 mm, de tonos oscuros a pardos, abdomen de aspecto cenizo color plata o gris. Alas con 3A curveada en dirección a Cu2+2A; si Cu2+2A se extiende, esta toca puede tocar a 3ª; Sc diverge de R1 cerca de la base de ambas venas. Tibia trasera con sede middorsal cerca de la parte media, además de una seda preapical.
Tomada de: https://www.flickr.com/photos/marcelloconsolo/9408823900/


Larvas. Dorsoventralmente aplanadas, con proyecciones de filamentos, extremos anterior y posterior no truncados. Espiráculos posteriores proyectados, placas espiraculares al final de las proyecciones. Esqueleto cefalofaringeo bien pigmentado, mandíbulas con esclerito accesorio, cornua ventral con lóbulo dorsobasal.

Ver vídeo de Larvas de Fannia sp.


Biología. Las especies de esta familia son más abundantes en épocas calurosas; se ha reportado que el género Fannia está involucrado en casos de miasis. Se alimenta principalmente de excremento, material vegetal en descomposición (como frutas), productos lácteos, y material saturado con urea. Las larvas se desarrollan bien sobre material en descomposición con abundante líquido, éstas están adaptadas para flotar debido a la forma de su cuerpo. Si el ambiente es pobre en líquidos, las larvas tienen poca movilidad. En determinadas épocas del año, los adultos suelen ser una molestia dentro de los hogares ya que suelen formar grande grupos.

lunes, 26 de enero de 2015

¿Por qué la policía mira en el radiador del coche?


La segunda evidencia entomológica que inculpaba a Gery era la hormiga encontrada en su par de botas. El predicador confesó que jamás se las había puesto. Pero la hormiga pertenecía a una rara especie llamada Lasius fuliginosus, que únicamente se alimenta de árboles podridos y que nunca se aleja del nido más de 2 metros. El uxoricida fue condenado a 8 años de prisión, a pesar de que nunca reconoció haber matado a su mujer. "Las moscas establecieron la evidencia temporal; y las hormigas, la geográfica", dice el doctor Benecke. Fruto de décadas de investigación, los científicos de la policía pueden recurrir a la llamada fauna cadavérica, incluidos los artrópodos, para fijar la fecha o data de la muerte, determinar la época del año en que ocurrió y verificar que un cadáver falleció en el lugar donde fue encontrado o si, por el contrario, sufrió un traslado. Lejos de toda ficción, los insectos presentes en la escena del delito ayudan a la policía a resolver casos de homicidio, suicidio y violación. También actúan como chivatos en el contrabando de drogas, para desvelar las rutas del narcotráfico; y en el movimiento de grupos terroristas y secuestradores. Sin ir más lejos, la identificación de los insectos estrellados en la matrícula, el limpiaparabrisas o el radiador del coche permiten establecer con una precisión asombrosa cuál ha sido su itinerario; y los huevos y larvas adheridos a las hojas de cannabis hacen las veces de un sello de denominación de origen. Y por primera vez, las pruebas entomológicas son tenidas en cuenta para zanjar casos de maltrato infantil y abandono de ancianos, según el doctor Benecke.



Éste sabe de lo que habla. En julio de 2000, durante una diligencia de desalojo por impago, la policía descubrió en un apartamento de Leipzig (Alemania) el cadáver semimomificado de un bebé de 2 años. Tanto la madre, una prostituta heroinómana de 20 años, como la asistente social cayeron bajo sospecha. El doctor Benecke determinó que el pequeño no había fallecido en cuestión de unas horas como en principio se sostuvo, sino después de permanecer abandonado entre 7 y 14 días. Al experto germano se lo contaron los insectos. Al procesar el cuerpo del bebé, los entomólogos forenses encontraron en el pañal -y en la zona urogenital- larvas en un estadio muy avanzado de la mosca falsa de establo, Muscina stabulans, y ejemplares de la mosca domestica pequeña Fannia canicularis. Los adultos de esta especie son atraídos por hedor de las heces y la orina. El rostro del bebé, sin embargo, estaba invadido por larvas de moscas azules Calliphora vomitiva, unos dípteros que suelen acudir al inicio de la descomposición cadavérica. El estudio minucioso de las larvas y los adultos, junto al registro de la temperatura ambiental de las semanas anteriores, entre otros factores analizados, despejaba cualquier duda: el bebé llevó los mismos pañales durante aproximadamente 14 días y murió entre 6 y 8 días antes de ser descubierto. Por primera vez, la fauna cadavérica permitía demostrar un caso de negligencia anterior a la defunción de la víctima.
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De un artículo del Dr. Benecke, cuyo fragmento fue publicado en la revista Muy Interesante.

lunes, 19 de enero de 2015

Larvoterapia, nunca las larvas fueron tan buenas.

La utilización de organismos vivos para tratar enfermedades es una práctica cada vez más utilizada en el ámbito médico. La aplicación de larvas de moscas en forma estéril y con el debido conocimiento científico del tema se conoce omo terapia larval. Su uso en el tratamiento de heridas ha sido conocido por siglos y redescubierta en las guerras napoleónicas. En la guerra civil de EEUU fue utilizada por primera vez, en forma controlada por los médicos del ejército americano confederado. En 1928, Baer, después de observar los efectos de las larvas en soldados heridos de la primera guerra mundial, inicio el uso metódico de la terapia larval con un estudio en 89 pacientes, publicando un 90% de éxito. Este hallazgo convierte la terapia larval en el tratamiento de elección para heridas crónicas.

Extracto de un articulo sobre larvoterapia.

sábado, 17 de enero de 2015

¿La Entomología Forense tiene desventajas respecto a otras ciencias forenses?

En sentido estricto, no podríamos hablar de ventajas y desventajas, en todo caso, lo más apropiado sería decir, en que situaciones la evidencia entomología puede ser de utilidad y en qué casos no, en qué circunstancias, los insectos son el único indicio con la que se cuenta, o cuando dicho indicio nos va a servir para complementar lo que criminalistas, médicos legistas, etc., diagnostiquen respecto a un determinado caso forense.
Por ejemplo, en el caso de la entomotoxicología, las larvas pueden ser la única evidencia de que la persona murió por una sobredosis, ya que cuando no se cuenta con tejido (sobre todo órganos internos como hígado) para hacer análisis toxicológico, lo que se hace es realizar el análisis a la larva; más aun, si hablamos de ventajas, Boeck et al. (2002), mencionan que los cromatógrafos son más sensibles a muestras provenientes de de larvas que de tejido humano. No obstante, y hablando de drogas, es importante tener en cuenta que las larvas pueden sufrir alteraciones en su desarrollo (Pien et al. 2003) que si no se toman en cuenta, puede modificar el cálculo de intervalo postmortem, en este caso no se trataría de una desventaja, si no de una falta de conocimiento del perito o entomólogo que haga el cálculo. Lo mismo sucede cuando se habla de tipificación de ADN en larvas, éste análisis generalmente se realiza sobre restos del cadáver, pero cuando no hay de donde tomar muestras, las larvas pueden ser la única fuente para el análisis (Zehner et al. 2004, Nava et al. 2008).

Calliphora sp y Phaenicia sp.

Ahora bien, si hablamos de la data de la muerte, comúnmente conocido como intervalo postmortem, la entomología forense juega un papel muy importante; ya que como menciona Calabuig (2004), el cálculo de IPM es uno de los problemas más complicados y difíciles que se le pueden presentar al médico legista. Establecer la secuencia de la muerte en casos criminales puede ser de extraordinaria dificultad hasta el punto de que, si ello no se resuelve, será imposible reconstruir los hechos. Así, los médicos legistas y peritos se encargan de conjuntar toda la información posible relacionada al levantamiento de un cadáver. En este sentido, la entomología forense aporta información igual de valiosa que la genética forense, la patología forense, la química forense, la dactiloscopia, la grafología, entre otros. Lo que le provee al patólogo o médico legista elementos que le ayuden a calcular el IPM.
Lo que sí es una desventaja, o un reto según se quiera ver, es el hecho de que el entomólogo forense trabaja con organismos vivos; que a pesar de tener ciclos de vida “predecibles”, existen muchos factores (climáticos, biológicos, geográficos) que pueden llegar a modificar o alterar el comportamiento biológico de determinada especie; una misma especie, por ejemplo, puede tener distintos comportamientos según la zona geográfica donde se encuentre; y si a eso le sumamos que no se trabaja con una sola especie, si no que se puede encontrar con más de una conviviendo en el mismo nicho, ¿cómo determinar quien llegó primero? Si hay depredación, ¿quién se come a quien?, todo esto, sucediendo en un nicho completamente dinámico que puede cambiar de un día a otro dependiendo de las condiciones ambientales. En este sentido, el entomólogo forense, deberá contar con un conocimiento mínimo de la biología de las especies de importancia forense; especies con las cuales se está basando para el cálculo de la data de la muerte; ya que si dicho cálculo resulta errado, en el peor de los casos podría hacer la diferencia entre la culpabilidad o inocencia de un presunto delincuente.


Boeck, G., M. Wood, & N. SAmyn. 2006. Recent Applications of LC–MS in Forensic Science. LCGC Europe. 2-8.
Pien K, Laloup M, Pipeleers-Marichal M, Grootaert P, De Boeck G, Samyn N, Boonen T, Vits K, Wood M. 2004. Toxicological data and growth characteristics of single post-feeding larvae and puparia of Calliphora vicina (Diptera: Calliphoridae) obtained from a controlled nordiazepam study. Int J Legal Med. (4):190-3.
Zehner R, Amendt J. & Krettek R. 2004. STR typing of human DNA from fly larvae fed on decomposing bodies. J Forensic Sci. (2):337-40.
Nava H. M., A. Basurto, H. Molina, J. Luy, S. Gutiérrez, N. Galindo. 2008. Determinación de ADN humano en larvas de dípteros colectadas en distintos tejidos. Entomología Mexicana. 6.
Calabuig, J. A. G. 2004. Medicina legal y Toxicología. Masson. 1377 pp.